Saber tocar

Imagina que estás dando un paseo, vas tranquilamente por la calle cuando un desconocido que va con prisas te empuja accidentalmente, se para un momento (intuyes que para disculparse) y te suelta: lo razono. Ahora, piensa que acaban de darte la mejor noticia de tu vida, esa que llevabas tanto tiempo esperando, por la que tanto has trabajado y tanto te ha ilusionado, ¡la noticia del siglo, sin duda!, ¿te imaginas a ti mismo gritando “me razono estupendamente”?

Efectivamente, esa misma cara de “¿qué?” que has puesto ahora es la que se te quedaría, porque si ante éstas hipotéticas –aunque realistas- situaciones sucediera esto, lo último que se te pasaría por la cabeza es pensar que se están disculpando contigo (lo más seguro, es que creyeses que te están tomando el pelo).

Cuando suceden situaciones como las que acabamos de describir, solemos decir de una manera casi automática “lo siento” o “¡me siento estupendamente!”; sin embargo, nos extrañaría un mundo escuchar un “lo razono” ¿te has parado a pensar por qué?

El sentimiento es el genuino impresor del movimiento, ya se trate de pedir disculpas o de exteriorizar una gran noticia, únicamente sonará honesto cuando lo verbalices con un auténtico “yo, lo siento”. Las realidades humanas hablan el idioma de la subjetividad y al igual que la línea recta es el camino más corto entre dos puntos, los sentimientos son la forma más directa de llegar a cualquier persona en cualquier parte del mundo. El sentimiento es, de las relaciones humanas, el mejor cimiento. Construir una sólida casa o una parecida a la de los tres cerditos para que el primer lobo que llegue se la lleve por delante, es decisión tuya. Si cuando cometemos un error decimos “lo siento” estamos expresando de forma sencilla que tenemos empatía, que sentimos en nuestra piel lo que ha podido sentir la otra persona a causa de nuestra metedura de pata, al tiempo que manifestamos que hemos aprendido algo (porque el sentimiento nos hace reaccionar); en cambio, si dijéramos “lo razono” no denotaríamos ni aprendizaje ni empatía, únicamente un “sí, entiendo que esto es un error ¿y?”.

Siempre me llaman la atención las escenas de juicios en las películas, los abogados siempre apuntan “sólo conteste con un sí o un no”, eso es un “lo razono” puro y duro, sin matices; pero la vida no es así, las cosas no son sólo blancas o negras. Hay una rica gama de colores, incluso hay una interesante variedad de tonos (dentro del azul, está el azul marino, el azul cielo, el turquesa…). Si llegas al pintor, serás capaz de ver el cuadro y para “llegarle” el único camino efectivo son los sentimientos.

Bernardo Stamateas afirmaba la diferencia entre ser grande o ser mediocre y miserable estriba en tener o no la necesario imaginación y entusiasmo para reinventarse a uno mismo todos los días. Entusiasmar e imaginar son dos “tonos” de la gama emocionar.

Ya nos avisaba Maquiavelo en El Príncipe: A todos les es dado ver pero pocos saben tocar… Los sentimientos son las manos del artista que sabe profundizar y en la punta del iceberg, no se va a quedar. Recuerda: para alcanzar la grandeza, el sentimiento será tu certeza.

María Graciani

@m_graciani

3 Comentarios | Leído 143 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

3 opiniones en “Saber tocar”

  1. Gracias por la información.

  2. Paco dice:

    Pues si María, el sentimiento es como una operación compleja que no todos saber realizar. Y me imagino al Abogado diciendo: conteste si, no, quizás, alomejor, probablemente…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *