Para vivir y para liderar: apasionar | María Graciani García

Para vivir y para liderar: apasionar

Habilidad para responder, ilusión para crecer, ingenio para crear, superación para remontar… Sin duda, éstas son algunas de las características del liderazgo brillante, aquél que te hace seguir adelante y dota a tu persona y a tu empresa de la solidez del diamante.

El experto en liderazgo, John C. Maxwell, afirma: El liderazgo es responsabilidad… La pasión es insaciable. La creatividad es esencial. Renunciar es impensable. El compromiso es indudable. La victoria es inevitable. Para ser un guía de PELÍ-cula, toma buena nota de esta PErspectiva de LIderazgo, así te asegurarás de no caer en el hartazgo propio de un espíritu pobre, aquél que pudiendo dar lugar a resultados de oro, se conforma con los de cobre. Quien se desperdicia a sí mismo por desidia, pasará la vida creyendo que toda agua es tibia, perderá el criterio para discernir el frío del calor porque no consigue encontrar su propio valor.

Ingrediente fundamental del buen guiar es apasionarse y apasionar. La indiferencia es enemiga de la excelencia, para triunfar hay que poner pasión, siendo fan de tu dedicación es como creas afición (y nada como un aficionado entregado para saber que, efectivamente, tu empresa ha triunfado). La pasión es la madre de las ganas, de la motivación, de la energía, de todo aquello que mueve tu mente y tu corazón traduciéndose en efectiva acción. ¿Qué se le suele pedir a un buen futbolista? ¡Que tenga hambre de gol! Y si en algún momento desaparece el hambre… ¡a la afición, al entrenador y al propio jugador le entran “todos los calambres”! Ese hambre, esa pasión insaciable es síntoma de una superación notable, de una organización respetable y rentable y es germen de un legado perdurable.

Un gran líder no puede permitirse ser desapasionado e indiferente (el que lo sea, nunca podrá ser calificado de competente y está claro que no se ganará a su gente, pues a las personas inteligentes no les gusta tener por líder a un triste ente). La indiferencia es sinónimo de inconsciencia porque el líder indiferente termina por dejar a su empresa en coma, ya que quien “ni so ni arre” hace poca carrera y no logrará superar todas las barreras (a lo sumo, se quedará parado frente a ellas).

El germen de la sabiduría, sin duda, es la pasión. Cuando algo te apasiona las horas se transforman en segundos; para el observador externo puede parecer que estás estudiando una materia pero en realidad… ¡tú te estás divirtiendo! porque dedicas tu tiempo a lo que hace que tu corazón siga latiendo. Tal y como afirmaba Séneca: “ Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella”, y es que todo lo que diga un “muerto viviente” (tal es el estado en el que quedan las personas desprovistas de pasión) será poco inteligente (tirando a negligente).

Claro está, para vivir y para liderar: apasionar.

María Graciani

@m_graciani

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