Necesidades del alma

Mire Señora, eran cuatro los cachorros que yo tenía, tuve que vender uno porque con lo que saco pidiendo no me llegaba para alimentar a todos. Todavía a día de hoy me arrepiento de haberlo hecho, créame. No los vendería a no ser que viese que se me mueren de hambre. Son la única compañía que tengo y los únicos seres vivos que no me han abandonado.

Me quedé gratamente sorprendida al conocer esta historia, la narraba una chica de León en una carta a una revista. El autor de la reflexión anterior es un mendigo que se encontraba en la entrada de una tienda con sus tres cachorros. Entonces una señora se paró junto a él y le ofreció 60 € por uno de sus perros, el hombre se negó; la mujer subió su oferta a 100 €, entonces el hombre volvió a negarse y le contestó con la reflexión que encabeza este artículo… Son la única compañía que tengo y los únicos seres vivos que no me han abandonado; el hombre, un mendigo que apenas tenía para comer prefería conservar a sus tres cachorros antes que vender uno y asegurarse el sustento por un tiempo. Esto da que pensar…

Hace tiempo que conozco la famosa pirámide de las necesidades de Maslow en la que las necesidades fisiológicas hacían de base de las de afecto, amistad, autorrealización; de tal forma que sólo se podía llegar a éstas últimas cuando estaban cubiertas aquellas, cosa que me parecía más que lógica. Sin embargo, el protagonista de la historia anterior ha cogido a Maslow y lo ha puesto a hacer el pino, de modo que ha invertido el orden de las necesidades… Para el dueño de los cachorros el sentirse acompañado, útil, querido, valorado estaba por encima de conseguir el dinero necesario que le asegurase el alimento y es que cuando el alma tiene hambre, ésta llega a superar a la del cuerpo. Cuando están cubiertas las necesidades del alma, el ánimo se calma, la mente se aclara y el corazón se siente agradecido, siendo de la satisfacción, el nido.

Le agradezco a éste anónimo maestro esta valiosa lección de humanidad: ella es la que nuestra pirámide debiera sustentar.

María Graciani

@m_graciani

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