Inteligencia intuitiva

Un grupo de científicos de la Universidad de Iowa hizo un curioso experimento. Se trataba de un juego de cartas en el que había cuatro mazos de naipes: dos de color rojo y dos de color azul. Con cada uno de esos naipes los participantes podían ganar o perder cierta cantidad de dinero, el juego consistía en ir dando la vuelta a las cartas, de modo que la ganancia fuese máxima. Había algo que los concursantes no sabían: las cartas rojas eran peligrosas, ofrecían premios elevados, tanto como las pérdidas que podían provocar. Sin embargo, los naipes azules ofrecían ganancias constantes de 50 dólares y pérdidas moderas. De lo que se trataba era de averiguar cuánto tardarían en darse cuenta los participantes de la mecánica del juego.

Los científicos descubrieron que, después de haber puesto boca arriba cerca de 50 cartas, prácticamente todos empezaban a intuir en qué consistía el juego. Los participantes no sabían porque preferían los naipes azules pero estaban bastante seguros de que era mejor apostar por ellos… Los científicos conectaron a cada jugador a una máquina que media la actividad de las glándulas sudoríparas de las palmas de la mano…, éstas responden al estrés por eso sudan cuando estamos nerviosos. Los investigadores descubrieron que los jugadores comenzaban a generar respuestas de estrés a las cartas rojas después de haber sacado diez, es decir, cuarenta cartas antes de ser capaces de afirmar que en esos dos montones había algo malo… Los investigadores observaron que, casi al mismo tiempo que empezaban a sudarles las manos, su comportamiento comenzaba a cambiar: mostraban preferencia por las azules. Los jugadores habían conseguido descubrir el juego antes de darse cuenta, conscientemente, de que lo habían hecho.[1]

Alucinante ¿no? Nuestro inconsciente nos manda “señales” a través de nuestro cuerpo permitiéndonos tomar las decisiones acertadas mucho antes de que nuestra consciencia nos avise de lo que está pasando. Nuestra Inteligencia intuitiva, sin duda, nos hace ganar en efectividad, de modo que cuánto más sepamos sobre ella, mejores decisiones tomaremos, en menor tiempo y por tanto, más efectivos seremos.

En baloncesto, cuando un jugador puede percibir y comprender todo lo que pasa a su alrededor se dice que tiene “sentido de pista”. En el ejército, de los generales más brillantes se dice que tienen “coup d´oeil” (golpe de vista) –capacidad para ver e interpretar de inmediato el campo de batalla-… Este es un fragmento del interesante libro Inteligencia intuitiva de Malcolm Gladwell, donde el autor británico nos demuestra, a partir de múltiples estudios y anécdotas, la importancia empresarial y vital de la Inteligencia Intuitiva. Este eficaz motor de toma de decisiones funciona mejor con la gasolina del intangible.

A priori, cualquiera podría pensar que tiene todas las papeletas para decidir mejor quien más datos e información tenga pero la realidad demuestra que no es así.  La persona con mayor inteligencia intuitiva es aquella que, partiendo de un montón de variables, es capaz de extraer los factores que realmente importan en pocos segundos. Como diría Gladwell, intuitivamente inteligente es aquel que sabe conectar con nuestro inconsciente adaptativo. Esto no debería de sorprendernos ya que la propia naturaleza de la palabra “inteligencia” nos avisa sobre su verdadera intención (“intus legere” –saber leer dentro-).

¿Nos has deseado alguna vez leer el pensamiento de un cliente, de alguien de tu equipo, del bombo del sorteo de Navidad? ¡la inteligencia intuitiva puede ayudarte! (bueno, a excepción del bombo del sorteo navideño, eso se lo dejamos a Anthony Blake). El psicólogo Paul Ekman elaboró a comienzos de los 90 una taxonomía de las expresiones faciales, demostrando que están íntimamente vinculadas con las emociones, éstas con nuestros pensamientos y, por tanto, con nuestras motivaciones interiores. Para elaborarla, repasó, con la ayuda de su colaborador Wallace Friesen, una serie de manuales médicos que describían los músculos faciales, identificando cada uno de los movimientos musculares que podía hacer una cara. Eran 43 y los denominaron “unidades de acción”, existiendo más de 300 combinaciones posibles.

“La cara es el espejo del alma”, nunca un refrán tuvo mayor acierto, pues en la cara de las personas podemos leer la intención de quien tenemos en frente. Rodéate pues, de “buenos libros”, para nutrir tu aprendizaje y desarrollar así tu inteligencia intuitiva.

María Graciani

@m_graciani


[1] Artículo Deciding Advantageously Before Knowing the Advantageous Strategy Science 275 (febrero 1997) pág 1293-1295, autores Antoine Bechara, Hanna Damasio, Daniel Tranel y Antonio R. Damasio.

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