GESTÍA (GESTión de la energÍA)

Una de las claves para hacer de tu empresa algo único, para potenciar las mejores bondades de tu equipo y para que la dirección sea calificada de brillante es la GESTión de la energÍA (GESTÍA).
Tu capacidad de influencia sobre tu organización, tus clientes, tu entorno será tanto más notoria cuanto más consigas acercarte a ellos, conquistar su afecto, caerles bien; es por ello que la “GESTÍA” puede aportar los mayores rendimientos.
La meta de la GESTión de la energÍA es dar lugar a un enriquecedor nivel relacional que cree “CLIMA” (CLIentes MAravillosos, tanto internos como externos) y se erija así como bandera de la compañía.
Ejemplo e implicación conforman la gasolina que hace rugir el motor de esta genial gestión.
La implicación personal de cada uno, especialmente de aquellos que tienen el honor y la gran responsabilidad de ocupar puestos directivos, es un ingrediente esencial para cocinar un buen líder; la implicación resulta esencial para mover las energías hacia la consecución de los fines deseados. Cuando la materia pierde su energía interna, deviene sólida afirmaba el escritor rumano Valeriu Butulescu, razonamiento totalmente extrapolable a la realidad humana. El ser humano también es materia y cuando nos quedamos sin energía interna… ¡enteramente llegamos a transformarnos en auténticos marmolillos que ni sentimos ni padecemos!
Al “ser marmolillo” todo le es ajeno, la palabra “dinamismo” no existe en su vocabulario y “me es indiferente” se convierte en el eslogan de su vida. Está claro que “el ser marmolillo”, al carecer completamente de energía interna, tampoco sabrá generarla en los demás y por lo tanto su nivel de “GESTÍA” (y por ende, de influencia empresarial y personal) será completamente inexistente. La implicación personal, construida a partir del consciente y paciente ejemplo diario, es la mejor prevención contra la aparición de los “seres marmolillo”.
Según Nelson Mandela, dirigirse al corazón en lugar de al cerebro es la primera regla de la persuasión ¡no le faltaba razón al carismático expresidente de Sudáfrica! La habilidad relacional, hija primogénita de la “GESTÍA”, se caracteriza por ser más emocional que racional, su idioma materno es el lenguaje de lo subjetivo, de la sutileza –de modo que si le hablas en “objetivo”, ¡difícilmente el interés se mantendrá vivo!-.
En Liderazgo por Impulsión Julián Gutiérrez Conde establece la siguiente clasificación de personas en función de su nivel de habilidad relacional y del nivel de conocimiento:

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El carácter del directivo practicador regular de la “GESTÍA” (GESTión de la energÍA) se encuentra plasmado en el segundo cuadrante “Sé, comparto y valoro”, definido por un alto nivel tanto de conocimiento como de habilidad relacional. En las antípodas de esta posición se encuentra el bautizado por Gutiérrez Conde como “ImbéZil Relacional”, aquel cuyas notas descriptivas son que nada sabe y nada le importan los demás, esto es, niveles de conocimiento y habilidad relacional inexistentes ¡cuidado con los imbéZiles relacionales! Pues podrían contagiar su insolvencia moral al resto de la organización.
Entre las dos posiciones restantes “Prepotente (sé y me distancio)” –aquel que atesora grandes conocimientos, únicamente para sí mismo y decide erigirse como “dios empresarial”- y el “No sé, pero valoro” –alto nivel relacional y pocos conocimientos- permitidme señalar que, si bien ninguna de estas dos posiciones es la óptima, ésta última “no sé, pero valoro” tendrá infinitamente más influencia sobre el equipo, los clientes y la empresa en general que el prepotente que decide construirse su torre de sabiduría en la montaña más alta que encuentra, para que sólo unos pocos afortunados tengan la oportunidad de llamar a ella (no es de extrañar, por tanto, que siempre se encuentre solo)-.
El movimiento se demuestra andando y el sentimiento es el genuino impresor del movimiento. Si mueves el alma de tu gente, ellos harán lo propio con la de los clientes y entre todos enriqueceréis la de la empresa. El presente y el futuro empresarial van a quedar definidos por la ingeniosa gestión de los intangibles, por lo que si pones en marcha la “GESTÍA” (GESTión de la energÍA), ¡comenzarás a despedirte de la época de carestía! (económica, humana, moral y productiva).

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