El animal te enseña lo esencial

momento BurquePara Aristóteles había dos formas de entender la realidad: per se (que capta lo esencial) y per accidens (que trata de lo accesorio y secundario). Desde que era niña he tenido mascotas y puedo decir que sus enseñanzas (amén de su compañía) son “pá” nota, ellos sí que saben centrarse en lo esencial y te lo demuestran casi sin proponérselo, con toda naturalidad. ¿El mejor psicólogo del mundo? ¡tu perro!, si pudiera hablar diría “yo, en el diagnóstico, no yerro”, y es que como reza en un dicho anónimo errar es humano, perdonar es de perros porque aunque tú seas reincidente en el dudoso arte de las meteduras de pata, tu perro no tiene en cuenta tu reincidencia, él está deseando disfrutar de tu presencia. Lección: para el animal, tu error es una anécdota pero tú eres lo esencial. Por eso debe ser que el animal es más feliz, por su perruna manera de discernir, per se él siempre está ahí.

Si un perro no viene a ti después de mirarte a la cara, es mejor que vayas a casa y examines tu conciencia afirmaba Woodrow Wilson. No le faltaba razón al vigésimo octavo Presidente de los Estados Unidos, los perros son animales inteligentes en el sentido original de la palabra. El concepto “inteligente” proviene de “intus legere” que significa “leer dentro”, un perro es experto en esto. En nuestro mundo empresarial, donde lo que marca la diferencia entre dos candidatos con perfiles experienciales y académicos similares son los intangibles (su carácter, actitud, principios, valores como la confianza, respeto, honestidad, compromiso, ética, superación…) tener a un perro como ayudante de selección ¡no sería mala opción! Y si como dice Wilson, después de mirar al candidato a la cara no se le aproxima, ya tienes un síntoma  de que ése no llegará a la cima (porque cargar con una conciencia “poco clara” en las espaldas, ¡a cualquiera balda!).

Recuerdo mi primera mascota, llegó a casa cuando yo tenía 3 años y se llamaba Copito de Nieve, no, no era un perro albino ¡sino un borrego! – de ahí que le pusiéramos por nombre el mismo que el borrego de Heidi-. Copito era una joya, pues además de sus cualidades emocionales era muy eficaz: ¡cortaba el césped que era una maravilla! e incrementó mi nivel de sociabilidad, pues todas las tardes, sobre las 18:00h empezaba a balar, entonces niños acompañados por sus madres llamaban a la puerta: “¿podemos ver al borrego?”, “¡claro, el borrego es mío, se llama Copito!” decía yo muy satisfecha. Tiempo después empezaron a crecerle los cuernecillos y aumentó considerablemente de tamaño, por lo que tuvimos que devolverlo al campo de mis abuelos. Cuando íbamos de visita siempre sabía quién era Copito entre tanto borrego; paradójicamente, Copito era un borrego que no se comportaba como tal, él se distinguía por ir a su aire y, sin darse cuenta, me envió un valioso mensaje: diferénciate de la nube de puntos.

Un par de años más tarde tuve a Panchito, un simpático pato que siempre intentaba adueñarse de mi piscina. De Panchito aprendí una importante lección: no juzgues por las apariencias, ¡podrías llevarte una sorpresa! Estaba convencida de que conocía a mi pato, de que Panchito era Panchito, hasta que un día salí al jardín y… ¡sorpresa, Panchito había puesto huevos! Resultó que Panchito era, en realidad, Panchita. Gracias a esta simpática pata, aprendí a fijarme en los detalles, pues las bondades de la observación pueden ahorrarte un buen sofocón.

También tuve unos llamativos peces de colores, un día de verano ya no estaban en la pecera, mi madre me dijo que “se habían ido de vacaciones”. Años después confesó la verdad: con ánimo de mantener la pecera limpia, la limpió a conciencia ¡con lejía! En cierta forma, dijo la verdad, los peces se habían ido de vacaciones… perpetuas. Aprendizaje: para hacer un bien (limpiar), al medio te tienes que adaptar porque sino… con sus habitantes puedes acabar.

El siempre ocurrente Groucho Marx decía fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer. No sé cómo se leerá “dentro de un perro”, lo que sí sé es que él te lee a ti y que entre libros y perros se está de maravilla. Desde hace 7 años tengo a Burque, un magnífico ejemplar de Collie y desde hace 4 a Toby, mezcla de Pastor Alemán y Labrador; el primero me ha enseñado lo que significa la capacidad de maravillarse, ¡es un experto en “CAPACILLARSE”!, le saca punta a todo y a pesar de haber ido a un sitio 20 veces ¡siempre descubre algo nuevo! (no me extrañaría que, un día de estos, algún experto en innovación contactase conmigo para conocer la “perspectiva Burquiana”); y con el segundo, Toby, estoy descubriendo las bondades de la paciencia y la necesidad de dosificar las energías ¡salir con él de paseo es como ir de maratón!, al principio se mostraba distante y desconfiado (tal vez en ello tenga que ver el hecho de que lo recogí de una perrera), estaba hecho un sable cuando llegó a casa, ahora tiene un físico envidiable, está alegre y ha ganado tremendamente en confianza (para cuando me doy cuenta, ¡se ha subido a la cama!), el cambio se produjo en pocas semanas, lo que me hizo reconfirmar que el cariño y la paciencia son la mejor ciencia para producir cambios con diligencia (algunos directores harían bien en grabar esto en su conciencia).

Amigos, el animal capta del mundo lo esencial y para él, tú eres especial. Haz honor a su convicción, trátalo y trata a las personas con respeto, educación y, en lo que hagas, pon una buena dosis de pasión para que, humana, también haya alguna lección.

María Graciani

@m_graciani

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Un comentario en “El animal te enseña lo esencial”

  1. CRIS dice:

    Susy: para ti…
    C.

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