Don Pato no mete la pata | María Graciani García

Don Pato no mete la pata

El descanso estival a veces nos trae curiosidades que nos hacen reflexionar.  Ayer estaba disfrutando de mi mañana de natación cuando de repente… ¡zas! me pareció ver algo por el rabillo del ojo, ¿sería posible? ¡era un pato! Un simpático pato negro y marrón, sin duda azuzado por el calor, había decidido venir a darse un chapuzón.

Decidí salir de la piscina para inmortalizar el curioso momento en una foto y me quedé observando a Don Pato, ¿por qué habría venido a parar aquí? probablemente se habría despistado de su grupo y se acercó a aquello que le recordó más al entorno de su estanque. Don Pato iba de acá para allá en la piscina, si se topaba con alguna persona, rápidamente él tomaba la dirección opuesta, no molestaba incluso le daba un toque original a la piscina.

Hubo quien fue a quejarse a la Administración del Club, otros se reían ante la singular situación y yo estuve durante un buen rato observándolo desde el bordillo y pensando. Muchas veces somos como Don Pato, perdemos el rumbo en algún momento de nuestras vidas y, para ubicarnos, buscamos entornos en los que sentirnos cómodos para sobrevivir y empezamos a formar parte de ellos, sin molestar a nadie; lo que ocurre a veces es que hay personas que se sienten molestas ante la mera presencia de un recién llegado, de alguien que, en algún aspecto, es distinto a ellos -sin que éste haya hecho nada exactamente para molestarlos-. Ante su mera presencia sienten amenazado su entorno y rápidamente comienzan a quejarse o intentan echarlo, sin caer en la cuenta de que un día ellos mismos estuvieron en el lugar de Don Pato y de que su supervivencia entonces, como la de Don Pato ahora, dependía de encontrar una piscina en la que poder refrescarse para así recobrar las fuerzas que le permitieran ubicarse.

Había dos opciones ante la llegada de Don Pato: salirse de la piscina y quejarse -con la consecuente pérdida de la mañana de baño- o disfrutar de la singular situación y seguir con tu baño, yo opté por ésta última y terminé nadando junto a Don Pato porque quien no se adapta… ¡de su beneficio no levanta acta!

Al salir del Club saludé al buen hombre que está de vigilante, me preguntó que si había visto al pato, asentí y me dijo:

- ¡Pues ya tiene puestos dos partes!

Sonreí y me fuí. No creo que Don Pato pensase, ni por un momento, que estuviese metiendo la pata.

María Graciani

@m_graciani

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2 Respuestas a “Don Pato no mete la pata”

  1. José Antonio Gracia Percebal dice:

    Una lección magistral más, salida de tu teclado.

    Gracias!!!!!

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