De moscas y anguilas | María Graciani García

De moscas y anguilas

Observando las lecciones que nos da la naturaleza ganamos en fortaleza (humana, personal y empresarial). Es curioso el caso de la mosca de ojos de tallo. Esta peculiar especie de mosca vive fundamentalmente en Malasia y lo que la hace tan singular es que, al inhalar aire a través de su boca, consigue desarrollar una especie de cuernos llamados “pedúnculos”: proyecciones de los lados de la cabeza con los ojos en el extremo, así consigue tener una visión más completa.

Al conocer la existencia de este original insecto pensé: “En cierta forma, ¡nos parecemos a él!” porque si reflexionamos sobre ello, ¿no es cierto que mejoramos nuestra visión –personal y empresarial- cuando contamos con más “oxígeno”? El oxígeno del tiempo, el oxígeno del buen liderazgo, el oxígeno de la confianza, el oxígeno de la honestidad, el oxígeno del ingenio, de la creatividad, del compromiso, de la cultura, de los valores, de la motivación… sin duda, ¡mejora nuestra VISIÓN (VIda con SIgnificado: pasiÓN)! Cuando inhalamos este tipo de “oxígeno”, nos sucede como a la mosca: desarrollamos nuestra visión, consiguiendo aportar valor a la organización a partir de la visualización de la mejor solución.

¿Y si no inhalamos oxígeno? Bueno, entonces nos quedamos como estamos, pero permanecer mucho tiempo en el estatismo… podría llevarte a ser víctima del peor de los seísmos: cambios, novedades, innovaciones… si eso no te mueve las emociones para respirar y mejorar, ciego te podrías quedar (al igual que cuando no usamos un músculo y éste se atrofia, lo mismo podría suceder con nuestra visión –humana, personal y empresarial-). Sí, más veces de las que quisiéramos, las circunstancias son complicadas y el “oxígeno” parece escasear, incluso entonces, si prestamos atención, tenemos recursos para remontar.

Ayer por la tarde vi una escena en un documental que me sorprendió: un cocodrilo había propinado un buen bocado a una anguila y la mantenía entre sus fauces. Como os podréis imaginar, la anguila debía parecerle una mota de polvo al inmenso cocodrilo que, a primera vista, era aparentemente mucho más poderoso en todos los sentidos. Me parecía adivinar el final de la historia cuando… ¡zas! La anguila le dio al reptil dos tremendas descargas eléctricas, lo dejó bastante “tieso”, se zafó de sus fauces y salió nadando. La escena era increíble. En más de una ocasión somos como esa anguila: aparentemente más débiles que los cocodrilos, todas las estadísticas lo señalan como claro ganador, nos impone su tamaño y agresividad, sabemos que de un certero mordisco o de un buen coletazo podría acabar con nosotros, puede que incluso nos encontremos entre sus fauces… ¡pero no es el final! ¿Dónde hay que mirar? Hacia tu propia naturaleza: de ahí obtendrás los recursos, las certezas que te harán levantar cabeza; y para cuando te des cuentas… ¡zas! Tus dos certeros calambrazos te harán sentir el abrazo de la victoria, y el inmenso cocodrilo habrá aprendido que vale más el ingenio que los Kilos.

En la vida y en la empresa, para obtener la merecida recompensa, bien haremos en tener en cuenta las lecciones  de moscas y anguilas que llenarán de aprendizaje nuestras mochilas.

María Graciani

@m_graciani

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