De miel y moscas | María Graciani García

De miel y moscas

Apuntaba Winston Churchill que se necesita coraje para pararse y hablar pero mucho más para sentarse y escuchar, ¡qué observación tan acertada! Si practicásemos a diario la denominada por Tom Peters “escucha inocente” enriqueceríamos nuestra vida y la de nuestra gente. La “escucha inocente” es escuchar al otro con la mente, con el corazón, con el alma…; la “escucha inocente” supone escuchar al otro manteniendo en blanco el lienzo de nuestras propias ideas para que el otro pueda dibujar las suyas; la “escucha inocente” constituye un “¡aleluya!” al aporte de valor humano y profesional… Verdaderamente, ¡la “escucha inocente” es genial! y es de lamentar cuando no la practicamos con quienes más lo merecen, recientemente no la practiqué con alguien a quien estimo, le pido que me disculpe pues, de haberla practicado, a mejor puerto se habría llegado.

A este respecto, ayer tuve una interesante a la par que humorística y enriquecedora conversación con mi amiga Olga. Olga es una mujer muy vital, con carácter, positiva… bien podría apellidarse “la salvavidas”, pues durante los 14 años que ha dedicado a la que ella consideraba su empresa, mucha gente le decía: “¡gracias por salvarme la vida, Olga!”, porque ella, en más de una ocasión (y dos y tres) tenía la bondad de hacerle algún favor a sus compañeros y, claro, lo que ella consideraba algo excepcional se empezó a convertir en algo habitual, tras su paso por dicha organización Olga aún no ha recibido la más deseada gratificación: ¡un sincero GRACIAS de corazón! Quiero aprovechar la ocasión para darte las gracias, Olga, porque eres un ejemplo de “escucha inocente”: a ti te sale del alma ser buena gente, independientemente de la respuesta recibida posteriormente.

En el transcurso de nuestra interesante, humorística y enriquecedora conversación Olga me dió un sabio consejo: “¡No te hagas de miel que te cubren las moscas!”, es decir, hay que mantener la esencia de bondad y autenticidad pero… ¡con quien lo sepa apreciar! sino mucho me temo que nuestra energía (amén de nuestro tiempo) vamos a desperdiciar. Al igual que las moscas acuden en cuanto perciben la cercanía de lo dulce; siempre habrá personas que ante la cercanía de la buena educación, la transparencia, la sencillez y la actitud servicial se intenten aprovechar, entonces… ¡es el momento de guardar la miel y, a tus principios, ser fiel! La buena noticia es que -una vez pasado el nubarrón de moscas- te das cuenta de que lo que abunda es la buena gente, por lo tanto, ¡de su valor hay que ser consciente! y… ¡practicar la “escucha inocente”! Gracias, Olga. Y tal como te dije al término de nuestra conversación: “Quien tenga que recoger, que recoja”.

María Graciani

@m_graciani

2 Comentarios | Leído 261 veces

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2 Respuestas a “De miel y moscas”

  1. Juan Ramiro dice:

    Me ha encantado tu artículo, cuantas veces hemos hablado mi esposa y yo sobre este tema sin decirlo tan bonito como tu amiga Olga “No te hagas de miel que te cubrirán las moscas”

    De nuestra parte da las gracias a tu amiga Olga por ser como es, personas así se necesitan en las organizaciones y en la vida.

    Saludos,
    Juan

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