“CULAC”, sí; Gulag, no

La necesidad más profunda del ser humano es ser apreciado afirmaba William James. Acertadas palabras de este conocido psicólogo americano, porque sentirnos útiles, necesarios, queridos, reconocidos… supone un imponente trampolín para nuestra autoestima personal, para elevar nuestro nivel de confianza a la par que nuestro nivel de colaboración, implicación e iniciativa. Cuando publiqué Motivulario, mi primer libro, mis padres me dijeron con gesto satisfecho y unas caras que rebozaban alegría: “estamos muy orgullosos de ti María”; creedme cuando os digo que ese fue mi “IPAR”, tuve un magnífico Instante PAvo Real -¡casi podía verme las plumas de colores!- pero los efectos de aquellas palabras, como las conocidas pilas, “duran y duran”, y a día de hoy siguen ahí, bien presentes en mi mente y en mi corazón.

En el libro Hostmanship: The Art of Making People Feel Welcome de Jan Gunnarson y Olle Blohm se desarrolla la idea del “líder-anfitrión” (¡el esencial “LITRIÓN”!), tomando como base la experiencia de los autores en la gestión de un hotel, poniendo de manifiesto que el concepto de “líder-anfitrión” no sólo es extrapolable a cualquier sector, sino necesario:

Inspeccionamos el hotel (después de comprarlo) y decidimos hacer una renovación de consideración. En vez de renovar los cuartos de baño, comedores, salones y habitaciones para los huéspedes, compramos uniformes nuevos para los empleados, flores, frutas y cambiamos los colores. Toda nuestra atención se centraba en los empleados. Es a ellos a quienes queríamos tener contentos. Queríamos que se levantaran cada mañana entusiasmados con empezar un nuevo día de trabajo… El camino hacia una cultura de acogimiento (lo que yo llamo “CULAC”) no pasa por los invitados. De hecho, no sería ningún error decir que los invitados no tienen nada que ver en este asunto. El “Líder-anfitrión” verdadero se centra en los empleados, lo que conduce a encontrar a las personas adecuadas y conseguir que les guste su trabajo y que lo vean como una pasión…Los huéspedes sólo entran en escena cuando usted está en condiciones de preguntar “¿prefiere hospedarse en un hotel dónde los empleados trabajan con ilusión o en uno dónde la prioridad número1 de administración son los clientes?…

¡Me en-can-ta! Si en tu empresa reina la “CULAC”, la CULtura del ACogimiento será de la excelencia, el mejor cimiento (recuerda lo que decía William James sobre sentirse apreciado). Ya, ¡ahora! Conviértete y convierte a todos los directivos de tu organización en auténticos “LITRIONES” porque los deres anfiTRIONES son los genuinos gestores de las emociones, transmiten pasión, instalan la “CULAC”  (CULtura del ACogimiento) con dedicación a la par que son un seguro contra la cancerígena “cultura Gulag”.

En 1973 el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn publicaba en Francia su libro Archipiélago Gulag (una obra muy ilustrativa sobre una experiencia irrepetible, en el sentido de que jamás debería volver a repetirse circunstancia similar). El escrito está basado en la experiencia real del autor, quien pasó ocho años de su vida en el gulag (campo de trabajos forzados) de Nóvy Ierusalim y apoyado en cientos de testimonios de compañeros prisioneros. En el extremo opuesto de la “CULAC”  (CULtura del ACogimiento) se encuentra la “cultura Gulag”, pues hay directivos que se empeñan en instaurar en su empresa la filosofía de un verdadero campo de trabajos forzados. En la “cultura Gulag” en lugar de “LITRIONES” (deres anfiTRIONES) hay “LIBRONES” (y no me refiero a líderes aficionados a los grandes libros, sino a los deres CA…. –puedes incluir en la línea de puntos la segunda parte del término-), y este tipo de “líderes” –por decir algo- dan lugar a “trabajadores zek” (“zek” era el concepto que se usaba para designar a los reclusos del gulag, aquellas personas desposeídas de derechos). El propio Solzhenitsyn se convirtió en todo un “zek”, esto es, un ser desconfiado y mentiroso a los pocos días de estar en el gulag. Éste es, amigos, el dudoso “logro” de los “LIBRONES”: dar lugar a “trabajadores zek” que, al igual que le sucedió al autor de Archipiélago Gulag, se van transformando en seres “poco amigos de la verdad”, alejados de la palabra “confianza” y desconocedores de la palabra “compromiso” (nadie se comprometió con ellos así que… ¿por qué deberían ellos comprometerse con el exterior? –los clientes-, seguramente contestarán “no tengo tiempo –andan siempre abrumados por la constante observación de los “LIBRONES”- ni ganas –en la “cultura gulag” no se respira ilusión, precisamente-“.

En Servant Leadership Robert Greenleaf plantea dos preguntas que podrían ser la “prueba del algodón” para los “LITRIONES”:

–   Los individuos a quienes sirvo, ¿evolucionan como personas?

–    Estos individuos, mientras estoy a su servicio ¿se están convirtiendo en personas más sanas, más sabias, más libres, más autónomas, con más posibilidades de convertirse en sirvientes de ellos mismos?

Resulta fundamental recordar que los “LITRIONES” están ahí para servir a su gente, para poner en marcha “el continente “CULAC”  (CULtura del ACogimiento)”; de las respuestas que des a las dos anteriores preguntas tendrás una pista muy fiable para saber si estás un paso más cerca de ser “LITRIÓN” o “LIBRÓN”.

Conclusión: “CULAC”, sÍ; Gulag, no.

María Graciani

@m_graciani

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