Como la velocidad y el tocino

Recientemente, una persona me aseguró que “la sana autoestima y la prepotencia están separadas por una línea muy fina”, a parte de mi posterior respuesta verbal, estoy convencida de que, instantáneamente, se dibujó el desacuerdo en mi expresión facial. ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?

Equiparar sana autoestima y prepotencia es como sumar manzanas y melones… No tiene nada que ver. Una persona con una sana autoestima es alguien que se sabe y se siente consciente de su justo valor, esto es, resulta ser conocedora de sus virtudes y defectos (a los que procura “darle la vuelta” para sacar algún aprendizaje y convertirlos en bondades); como se quiere y se conoce a sí misma es capaz de querer y conocer a los demás, es decir, una persona con sana autoestima es fan de “INSIDE” porque sabe demostrar un INterés SIncero por los DEmás (curiosamente, la palabra “inside” significa “dentro” en inglés, y es que el interés por los demás, para que sea sincero, es claro que tiene que nacer de dentro). La confianza es el DNI de la persona con una sana autoestima que, como sabe conjugar el sentimiento y conocimiento propio y ajeno, demuestra una profunda convicción en un presente y futuro mejores porque tiene anhelos, inquietudes, ilusiones… y se sabe capaz de llevarlos a cabo. La sana autoestima desprende seguridad, optimismo y ánimos por doquier.

En el lado opuesto de la sana autoestima se sitúa la prepotencia. El ser prepotente no es consciente de su justo valor personal (ni profesional ni de ningún otro tipo), ni se conoce ni se quiere, por lo tanto, es incapaz de demostrar ningún tipo de interés por los demás (no hablemos ya de sentimientos…). La inseguridad es la compañera de viaje del prepotente y, aunque pretenda mostrar lo contrario en su entorno, es justamente eso lo que traslada a todos los demás a través de sus falsas ínfulas. El “Modus operandi” del prepotente es menospreciar a los demás ¿por qué? Porque sólo sabe tratar a los demás igual que se trata a sí mismo: menospreciándose.

La avaricia y la ambición son hijas de la prepotencia y de la autoestima respectivamente. Ambas empiezan con “a” pero una lo hace con “a” de acierto y la otra con “a” de atropello. La avaricia, descendiente de la prepotencia, es la que demuestra alguien que lo quiere todo para sí mismo sin importar las consecuencias, ¿su lema? “lo mío pa´mí y lo tuyo…también”, no tienen en cuenta si sus pretensiones son justas o no, si sus acciones pueden dañar a alguien… pasan por encima de todo y de todos con tal de conseguir lo que quieren y, claro, ¡cuánto más, mejor!

La ambición es otra cosa. La ambición es hija de la sana autoestima, responde a la convicción de conseguir las propias metas de la mano del respeto, del respeto por uno mismo y por los demás. La persona con ambición tiene muy claro lo que quiere y elige ir a por ello pero todas sus decisiones y acciones quedan dentro del marco de la decencia humana y profesional. La persona con ambición reconoce el derecho de los demás a conseguir sus objetivos y entiende que, al igual que ella, es legítimo que también los demás puedan lograr sus propósitos.

Claro queda: sana autoestima y prepotencia nada tienen que ver. Y tú ¿de qué equipo quieres ser?

María Graciani

@m_graciani

1 Comentario | Leído 102 veces

Tu puedes enviar una respuesta, or trackback desde tu propio site.

Un comentario en “Como la velocidad y el tocino”

  1. Paco dice:

    No me imagino tu cara sin una sonrisa. Yo creo que la única lógica es la rima entre autoestima y fina. Yo estoy en tu equipo, “odio” la prepotencia. Un abrazo María

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *